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El Canon Republicano y la Distancia Cinco Mil
Josep Parcerisa i Bundó José Vera Rosas

Primera Edició
Edicions UC
2016
ISBN
105 pàgs.

15 x 21 cm

 

 

 

 

 

La relación sostenida entre la ETSAB y la EAUC nos ha dejado a la fecha un rico legado mutuo, con amplias repercusiones en los ámbitos de la docencia y de la investigación. Ello ha sido el fruto de un mundo compartido, compuesto por un gran número de profesores de EAUC que se perfeccionaron en los programas de magister y doctorado de la Escuela de Barcelona, y de algunos catedráticos de la ETSAB que hicieron de Santiago de Chile una ciudad cercana y familiar, encontrando en la EAUC un auditorio siempre atento y expectante de sus conferencias.

En esta ocasión queremos destacar uno de estos legados en particular: la valoración de la descripción rigurosa de la ciudad, y la toma de consciencia del diálogo que se establece entre las cosas y la ciudad en cuanto forma general y de éstas con el proyecto. Un legado que proviene mayormente del pensamiento y de la obra del destacado arquitecto Manuel de Solá-Morales, para quien estas preocupaciones fueron un interés permanente. Sin duda, esta específica sensibilidad y comprensión del fenómeno urbano encontró un terreno fértil en la rica tradición cartográfica de Barcelona. Tradición que, por su parte, explica la indiscutible calidad urbana alcanzada por la ciudad condal. En una suerte de círculo virtuoso, en la dinámica de registro y proyecto, se han enriquecido recíprocamente la representación cartográfica y la ciudad material.

Es este horizonte intelectual y académico el que ha impulsado y orientado las recientes investigaciones sobre las cartografías urbanas de Santiago de Chile, focalizadas en los años 1890 y 1910, desarrolladas en la EAUC desde 2008 a esta parte. Ellas han hecho propio aquel describir con rigor los hechos de la ciudad, respondiendo a la necesidad de dar continuidad a una, si se puede decir así, tradición cartográfica santiaguina discontinua, o comenzada pero nunca después retomada.

En efecto, aún en 2010, con ocasión de la celebración del bicentenario de la República de Chile, su capital, Santiago, no contaba con una planimetría precisa que permitiera realizar un estudio crítico comparativo de su desarrollo, a pesar de haber sido cartografiada de una forma excepcional en 1890 por el ingeniero Alejandro Bertrand y en 1910 por encargo de la Ilustre Municipalidad de Santiago.

El esfuerzo comprometido en la elaboración del plano de Santiago de 1910, queda claramente representado por la multiplicidad de fuentes documentales que fueron necesarias para su montaje. El plano que se obtuvo como resultado, en base al catastro de manzanas a escala 1: 500, es en alto grado hipotético, y permitió fijar la imagen de una ciudad sólo posible en el ámbito de la representación, es decir, del proyecto.

Distinto es el caso del trabajo sobre la cartografía de Santiago de 1890, cuyo propósito fue restituir un plano que efectivamente existió, tomando en consideración una única fuente documental: los planos de calles de Alejandro Bertrand, dibujados a escala 1: 200, que precisamente fueron el instrumento a partir del cual se elaboró el plano original, a escala 1: 5.000, aún perdido.

Por tanto, en ambos trabajos el centro de la discusión se fijó en la representación, ya fuera con acento en una dimensión interpretativa y de proposición, como fue el caso del plano de 1910, o en cuestiones de orden más bien metodológicas, como el de 1890. Si hubiese que referirse a estos problemas en términos de preguntas, debiéramos decir que en el primer caso las preguntas pertinentes fueron: qué elementos elegir para construir el plano, cómo montarlo y en qué escala representarlo; en el segundo, en cambio, se transpondrían en: qué elementos eligió Bertrand para conformar su plano y cómo organizó su montaje.

Junto a ello, y como consecuencia de estos dos trabajos de investigación, se han podido revelar condiciones inéditas de la ciudad, tanto en su dimensión histórica, como teórica y crítica, constatando que sin las representaciones antes señaladas estos nuevos conocimientos no hubieran sido posibles.

Sin lugar a duda, tanto la construcción del plano de 1910, como la restitución del plano de 1890 en tanto que fuente y base de investigaciones admiten una diversidad de lecturas e interpretaciones. El texto que prologamos es un excelente ejemplo de ellas.

Wren Strabucchi
Germán Hidalgo